3er Taller de la Palabra

Equipo de la palabra

La fe no es un GPS que nos marca el inicio, el camino, el final, el atasco… es la luz de los faros del coche que por la noche se va abriendo paso

Una llamada Vivida desde la fe


En la vida de Abrahán (Gn 12, 1-5) sucede algo desconcertante:

  • Dios le dirige la Palabra,
  • Se revela como un Dios que habla y lo llama por su nombre.-
  • Abrahán no ve a Dios, pero oye su voz.
  • La fe adquiere un carácter personal.

Aquí Dios no se manifiesta como el Dios de un lugar, ni tampoco aparece vinculado a un tiempo sagrado determinado, sino como el Dios de una persona, el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob, capaz de entrar en contacto con el hombre y establecer una alianza con él. La fe es la respuesta a una Palabra que interpela personalmente, a un Tú que nos llama por nuestro nombre.

Lo que esta Palabra comunica a Abrahán es una llamada a salir de su tierra, una invitación a abrirse a una vida nueva, comienzo de un éxodo que lo lleva hacia un futuro inesperado. La visión que la fe da a Abrahán estará siempre vinculada a este paso adelante que tiene que dar: la fe «ve» en la medida en que camina, en que se adentra en el espacio abierto por la Palabra de Dios.
La fe no es un GPS, que te marca el camino completo desde el inicio, la fe son los faros del coche que a medida que avanzas ilumina el camino, abre camino en la oscuridad, pero un camino que exige ser transitado para que se abra.

Abram proviene de Ur de los Caldeos, al sur de Mesopotamia, y se había establecido con su pequeña familia en Harrán, al norte de Mesopotamia , un lugar clave para el recorrido del creciente Fertil, que va del Golfo Pérsico, pasando por bailonia, Ninive, Asiria y Palestina, hasta Egipto

En el principio de la historia bíblica hallamos una ruptura. Abraham, con su pequeña familia tuvo que abandonar su clan, su tierra antigua, su sangre, su raza, los poderes de Mesopotamia, los dioses antiguos de sus familia.. debe romper con todo y fiándose de un Dios “desconocido”, ponerse en camino.

Todo empieza con la creación de una familia

La historia concreta de la Biblia, no empieza por tanto con la creación de una nueva religión sino con el surgimiento de una nueva familia que inicia una gran peripecia o quizá mejor una peregrinación personal y social dirigida al surgimiento de una nueva familia de Dios.

Este es el punto de partida de la fe bíblica el comienzo de la familia de Abraham y su pequeño grupo que dejó su entorno antiguo para iniciar un camino nuevo de humanidad abierta la bendición universal punto judíos cristianos y musulmanes siguen creyendo que Dios se manifestó de un modo especial por Abraham cuándo dejó su pasado para crear una nueva familia abierta todos los hombres y para expresar y realizar su acción universal.

Es impresionante esto: ¡Dios quiere salvar el mundo por medio de una familia! En el origen del mundo encontramos una familia: Adán y Eva, Caín y Abel; en la catástrofe del diluvio, la estirpe humana se salva por una familia, la de Noé; ahora, en el arranque de la historia de la salvación, encontramos otra familia: Abraham y Sara. Y es que es precioso ver cómo Dios, que es en sí mismo una familia, Padre, Hijo y Espíritu Santo, quiere plasmar y reproducir en el mundo y en la humanidad lo que Él es: una familia, ¿cómo? con la familia de la Iglesia, cuya figura, cuyo anticipo, cuyo germen está ya en el pueblo de Israel, que empieza con Abraham.

La salida de Abraham de Mesopotamia y su camino hacia la tierra prometida constituyen el principio de una nueva estirpe humana.

Para bendecir a todas las familias de la tierra

Con Abraham se rompe la dicotomía bendición-maldición, para pasar a una bendición sin maldición y universal.

Él no tiene que conquistar el mundo, como los imperios que hay alrededor buscan, no tiene que expandir su poder por el dinero, su misión no es dominar, imponer ni conquistar, sino bendecir.
Esa nueva familia, formada por un grupo pequeño de personas, que salen de su tierra obedeciendo la Palabra de Dios, es el germen de una nueva humanidad que abandona el orden anterior para ponerse en camino y crear un nuevo pueblo, que será grande y que portara la bendición divina.

Pero esto lo hará en medio de muchísimas dificultades, reconociendo que e sla fidelidad de Dios la única que puede sostener a este nuevo pueblo. Abraham es el padre de la fe, no por su fidelidad, sino por la fidelidad de Dios para con él.

Esto nos hace exorcizar los demonios del miedo al fracaso personal, a la imperfección, a la infidelidad. Si algo queda claro en la historia de esta nueva familia es que no será su fuerza, ni su grandeza quien lo constituya.

Cumplida a pesar de las mentiras

Abraham pone por encima de la promesa de Dios, su propia existencia. Ante la posibilidad de sufrir, miente y pone en peligro Gn 12, 10-20, Gn 20, 1-3

Abraham ha recibido una promesa de Dios, pero tiene miedo de la hermosura de Sara en un mundo dominado por el deseo de varones poderosos que podían matarlo para apoderarse de ella. De esta manera es capaz de mentir hasta “venderla” con tal de salvar su vida… a pesar que de esta forma no pudiera cumplirse la promesa de Dios de que la descendencia de Abraham heredará la tierra.

A pesar de que Dios mismo en Gn 17,15-22 le confirma la promesa de que Sara tendrá un hijo, que será padre de pueblos y naciones… cuando Sara ya ha concebido, vuelve a “venderla” a otro rey, como si no fuera a cumplirse por medio de ella la bendición de Dios.

Dios en los dos casos “vela” por Sara y por la descendencia de Abraham. Por encima del miedo y de las mentiras de Abraham, está la promesa de Dios.

La mayor riqueza del patriarca, el medio por el que la promesa se abre camino, se convierte por la búsqueda de seguridad

Cumplidas a pesar de las dudas

Las promesas tardan en cumplirse, y Saray y Abraham fuerzan el cumplimiento o no se fían de él, pero Dios sigue fiel… Gn 16, 1-4

Dios Sale al encuentro de Abraham constantemente, cuidando la familia que él pone en peligro por sus prisas, sus dudas, su incapacidad de fiarse totalmente.

Sara propone un “atajo” para que se cumpla la promesa. era algo que se daba en el antiguo modo de vivir la familia, en donde las personas eran usadas, y los proyectos debían salir por encima de todo.

Cuando Dios quiere obrar, se encuentra con la extrañeza y la “risa” de Sara que no puede aceptar la primacia de Dios y el poder sobre todas las cosas.

Lo más importante de Abraham no es lo que él hace, sino lo que deja hacer a Dios. Abraham no se hunde cuando descubre que no es capaz de mantener la alianza, se deja querer, se deja sostener, deja que sea Dios quien cumpla la Palabra.
Las injusticias

Cumplidas a pesar de la injusticia

El don que Dios ha concedido a Abraham y a Sara, siendo padres de un hijo que cumplirá las promesas, en vez de ser una bendición para todos, se convierte en una maldición para Agar y una vez más Dios sale al encuentro y a pesar de todo bendice a Agar y asu hijo Ismael, al cuál lo hace padre de una multitud.

5Entonces Saray dijo a Abrán: «Tú eres responsable de esta injusticia; yo he puesto en tus brazos a mi esclava, y ella al verse encinta me desprecia. El Señor juzgue entre nosotros dos». 6Abrán dijo a Saray: «En tu poder está tu esclava, trátala como te parezca». Saray la maltrató y ella se escapó. 7El ángel del Señor la encontró junto a una fuente en el desierto, la fuente del camino de Sur, 8y le dijo: «Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y adónde vas?». Ella respondió: «Vengo huyendo de Saray mi señora». 9El ángel del Señor le dijo: «Vuelve a tu señora y sométete a su poder». 10Y el ángel del Señor añadió: «Haré tan numerosa tu descendencia, que no se podrá contar». 11Y el ángel del Señor concluyó: «Mira, estás encinta, darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor ha escuchado tu aflicción. 12Será un potro salvaje: su mano irá contra todos y la de todos contra él; acampará separado de sus hermanos». Gn 16, 5-12

9Al ver que el hijo de Agar, la egipcia, y de Abrahán jugaba con Isaac, 10 Sara dijo a Abrahán: «Expulsa a esa criada y a su hijo, pues no va a heredar el hijo de esa criada con mi hijo Isaac». 11Abrahán se llevó un disgusto, pues era hijo suyo. 12Pero Dios dijo a Abrahán: «No te aflijas por el muchacho y la criada; haz todo lo que dice Sara, porque será Isaac quien continúe tu descendencia. 13Pero también al hijo de la criada lo convertiré en un gran pueblo, pues es descendiente tuyo». 14Abrahán madrugó, tomó pan y un odre de agua, lo cargó a hombros de Agar y la despidió con el muchacho. Ella marchó y fue vagando por el desierto de Berseba. 15Cuando se agotó el agua del odre, colocó al niño debajo de unas matas; 16se apartó y se sentó a solas, a la distancia de un tiro de arco, diciendo: «No puedo ver morir al niño». Se sentó aparte y, alzando la voz, rompió a llorar. 17Dios oyó la voz del niño, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo; le dijo: «¿Qué te pasa, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del chico, allí donde está. 18Levántate, toma al niño y agárrale fuerte de la mano, porque haré que sea un pueblo grande». Gn 21, 9-18

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