Bendición y procesión de Ramos

Ramos Sant Jaume MoncadaA las 11.00h nos encontraremos en la puerta de Sant Jaume para bendecir los Ramos y comenzar la procesión hacia el templo de S. Miguel.

La característica de la procesión del domingo de Ramos es el júbilo, gozo que anticipa el de pascua. Es una procesión en honor de Cristo rey; por eso los ornamentos son rojos y se cantan himnos y aclamaciones a Cristo. La Iglesia realiza los acontecimientos del primer domingo de ramos: lo que se lee en el evangelio se vive inmediatamente después en la procesión.

La procesión no es simple ostentación, sino algo muy real; en cierto sentido, más real que el mismo acontecimiento original, porque la Iglesia, al celebrar este hecho con fe y devoción, celebra el misterio que se oculta en él. El rey que nosotros aclamamos no es un personaje histórico, sino el que vive y reina por siempre. El significado de la entrada triunfal de Cristo solamente se percibe desde la fe. Jesús entra “para llevar a cabo su obra mesiánica, para sufrir, morir y resucitar”.

“¡Bendito el que viene en nombre del Señor!; ¡hosanna en las alturas!” En cada celebración eucarística repetimos esta aclamación al comenzar la oración eucarística. La venida de Cristo en el misterio eucarístico acontece diariamente. En la procesión del domingo de ramos, la Iglesia, representada en cada asamblea litúrgica, sale a recibir y dar la bienvenida a Cristo de una manera especial.

La procesión nos transmite como una anticipación o pregustación del domingo de pascua. La alegría y el triunfo de pascua rompe así la liturgia más bien sombría del domingo de ramos. Las palmas que se bendicen y se llevan en procesión, son emblema de victoria. “Hoy honramos a Cristo, el rey triunfador, llevando estos ramos”. El responsorio que se canta al entrar en la iglesia menciona explícitamente la resurrección: “Al entrar el Señor en la ciudad santa, los niños hebreos profetizaban la resurrección de Cristo”.

En la procesión del domingo de ramos, la Iglesia, además de conmemorar un hecho pasado y celebrar una realidad presente, anticipa también su cumplimiento final. La Iglesia espera la completa realización del misterio al final de los tiempos. Esta nota escatológica está contenida en la oración que se dice en la bendición de los ramos: “A cuantos vamos a acompañar a Cristo aclamándolo con cantos, concédenos entrar en la Jerusalén del cielo por medio de él”. Una de las peticiones de laudes, dirigida a Cristo, contiene también este ansia de la plenitud futura. “Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, conduce a tu Iglesia a la pascua eterna”.

(cf. Mercaba) 

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